man standing and walking going on boxing ring surrounded with people
En algún lugar del mar, existe la isla de Ringdom.

Hace muchísimo tiempo, sus tribus indígenas ya practicaban la lucha ceremonial con multitud de estilos. Pero aquellas costumbres ancestrales se perdieron por la espectacularidad de los estilos modernos, la globalización y el olvido paulatino de la cultura local de la isla.

Aquel espíritu de lucha ha conseguido llegar hasta nuestros días, transformándose según el ánimo de su tiempo. Por eso, la cultura moderna de lucha en Ringdom comenzó con la Guerra en las Calles, un tiempo en el que la única ley fue la violencia. La policía apenas podía encargarse de su propia seguridad, y faltaban manos tanto para ayudarles como para contar a las víctimas de aquellas amargas peleas que sucedían día y noche.

Hasta que un presidente lo cambió todo: Soto Herrera.

A la vista de no poder ganar la guerra, el presidente Herrera creó un torneo de lucha que se celebraría cada año, donde los miembros de las bandas podrían ajustar cuentas de una vez sin que la población sufriera la Guerra en las Calles.

EL TORNEO DEL DIOS DE LA LUCHA

De esta forma, las bandas se convirtieron en equipos de lucha, se cambió la sangre en las aceras por las toallas en el ring y el llanto de las madres por el jaleo de las gradas: había nacido el Torneo del Dios de la Lucha.

La lucha callejera en Ringdom se fue profesionalizando poco a poco, y esta transformación se aceleró con la retransmisión del torneo. Los líderes de las bandas, viendo una oportunidad para luchar por el reconocimiento y el poder de forma legítima, entrenaron a sus miembros para participar, en lugar de continuar la guerra. Con el respaldo del gobierno y la promoción de los medios de comunicación, la lucha en el ring ganó una gran popularidad rápidamente.

Un último acto de violencia sacudió la isla cuando el presidente fue asesinado por una de las bandas. Aquel momento terminó con la violencia, porque allí mismo, los líderes de las bandas hicieron la Promesa de Paz: el juramento de no volver a la Guerra en las Calles.

El único lugar para la guerra sería el ring. A título póstumo, se le llamaría desde entonces Soto “Titán” Herrrera, imitando los apodos de los luchadores y evocando el pasado tribal de la isla, en el que se adoraba al Titán, un supuesto gigante de piedra. Para los lugareños, aquel día marcó el nuvo nombre por el que sería conocido en la isla el Torneo del Dios de la Lucha: el Desafío del “Titán” Herrera, en su memoria.

Tras aquello, se inauguró una liga anual, se profesionalizaron los combates y el dinero empezó a entrar con tanta violencia como otro luchador. Las bandas se disolvieron definitivamente y se convirtieron en equipos deportivos que fundaron gimnasios y se dedicaron a sacar a jóvenes de las calles, dándoles un sentido a su vida: luchar por la que querían. Y los mejores luchadores se volvieron ídolos para la población, celebridades de la ciudad.

EL MANDATO DE LUCELA

Pero, años más tarde, la subida al poder de la nueva presidenta Lucela lo cambió todo. Lo primero que declaró fue la ilegalidad de las luchas en el ring, cuando ya constituían una tradición y un deporte nacional para los ciudadanos.

En la retina de sus habitantes quedó grabado el día en el que la policía irrumpía en el Torneo del Dios de la Lucha, llevándose a luchadores, patrocinadores y público arrestados en medio de una vorágine de caos.

Este fue un evento traumático que dividió a la población. Pero la reacción de los luchadores no se hizo de rogar: algunos rompieron la Promesa de Paz y se lanzaron a conquistar las calles. Otros, fundaron una organización criminal que se encargase de velar por sus intereses y los de la ciudad, de seguir el inmortal legado de “Titán” Herrera, la Promesa de Paz y la larga tradición de lucha de Ringdom: el Vindicato.

EL VINDICATO Y EL NUEVO DIOS DE LA LUCHA

Tras formarse el Vindicato, la organización de combates pasó a ser totalmente clandestina, donde los campeones solo lo eran en las sombras. Cualquier relación con la lucha era castigada con violencia y crueldad por la policía, lo que despertaba las ansias de venganza del Vindicato… y así el círculo de la violencia volvía a cerrarse hasta el próximo arresto.

Un día, el Vindicato anuncia un nuevo Torneo del Dios de la Lucha en Ringdom. Aún siendo clandestino, luchadores de todas partes del mundo se encuentran para chocar puños con los guerreros de la isla. Y entre ellos, solo uno se levantará de la lona con el cinturón de campeón en su poder: el nuevo Dios de la Lucha.

ALGUNOS PERSONAJES
TEPIN TECOANI

Tep es descendiente de la antigua tribu indígena Vreis, que adoraba al Titán de Ringdom.

Lucha utilizando el Animal Pose, un estilo de arte marcial heredado de su pueblo, que se inspira en los golpes y las posturas de los animales al luchar y las adapta al ser humano combinándolas para sacar la máxima eficiencia de cada movimiento.

La misión de Tep es usar el Animal Pose en el Torneo del Dios de la Lucha para devolverlo al ancestral lugar que le está reservado, el de los campeones. Y así reconquistar el honor y rescatar del olvido a todos los Vreis.

Joel es un huérfano de la ciudad de Ram, que fue adoptado y entrenado por su tío "Mic" en las MMA desde muy pequeño.

Abandonado por sus padres, Joel demostró verdadero talento desde su primer paso en el gimnasio de su tío. Se ha ganado a golpes la reputación de ser el “Niño de Oro” de las MMA, pero también se ha ganado un ego tremendo.

Tras morir su tío, acaba en una pelea callejera y su exceso de confianza le juega una mala pasada, acabando en el hospital. Al recuperarse, se inscribe en el Torneo del Dios de la Lucha siguiendo la última pista que le dejó su tío Mic acerca de sus padres y esperando recuperar el orgullo perdido en el asfalto donde le derrotaron.

JOEL ALVA, "EL NIÑO DE ORO"

Javier García es el actual campeón del Torneo del Dios de la Lucha.

Nunca tuvo amigos ni talento para nada, hasta que conoció la lucha viendo el primer Torneo del Dios de la Lucha por la televisión. A pesar de esforzarse, el resto de luchadores le veían como un bufón por su carácter divertido y relajado. Una prueba de su personalidad es su nombre, “Máximo Guerrero”.

Hasta que se proclamó Dios de la Lucha el año pasado. Y fue apodado “el Espartano”.

Desde entonces, es un luchador respetado y admirado por todos, aunque en el fondo sigue siendo ese despreocupado muchacho.

MÁXIMO GUERRERO
"EL ESPARTANO"
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